Entre viñedos: un paseo relajante y lleno de sorpresas

Partiendo desde el antiguo camino a San Martín que sale desde el pueblo, tomamos el primer desvío a la derecha, una pista de tierra que nos lleva a través de la partida conocida como “Matero” hasta los primeros viñedos. El sendero desciende entre cepas viejas y nuevas, de vaso y en espaldera, entrelazadas con almendros, como era la costumbre para aprovechar la tierra.
Continuamos bajando hasta que el sendero termina en un barranco. No caigáis en la tentación de uniros a la carretera general del pueblo, si tomáis el barranco de Pallaruelo a vuestra izquierda llegaréis a una de las antiguas fuentes, un bello paraje en el que lo único que echamos de menos es el agua, desgraciadamente. Muchos eran los manantiales que abastecían a los secastillanos tiempo atrás, hoy la mayoría están abandonados y secos. El agua era entonces un bien escaso, a menudo su acarreo implicaba varias horas de camino, madrugones, pelear con las caballerías… El agua se almacenaba en grandes tinajas de barro en las casas. Precisamente por la escasez de agua en el terreno era el vino en Secastilla tan necesario y apreciado, desarrollándose durante siglos las variedades autóctonas: garnacha primordialmente, pero también parrel y alcañón.
Tras visitar la fuente de Pallaruelo, volvemos sobre nuestros pasos siguiendo el barranco y tras cruzar la carretera retomamos el sendero bajo bellísimos robles, algunos de impresionante tamaño. Campos de labor, casetas de monte bien rehabilitadas, y a nuestra derecha el pueblo, teñido con la suave luz del atardecer. Constatamos que mientras las poblaciones vecinas de La Puebla de Castro y Ubiergo se quedan ya sin sol, la orientación y localización de Secastilla le permiten disfrutar de más de una hora de sol extraordinaria. No en vano los mejores viñedos están en este lado del valle, tal y como la primera parte de nuestro recorrido nos ha mostrado.
El camino sigue hacia la izquierda bordeando campos, pero nos adentraremos en un pequeño bosque que baja hasta el barranco para buscar el PR que reconstruye el trayecto a pie entre Secastilla y La Puebla de Castro. Veremos las inconfundibles marcas en blanco y amarillo y la nueva señalización llevada a cabo gracias al Plan de Dinamización Turística de la Comarca de la Ribagorza. Tomamos dirección a Secastilla y en pocos minutos estamos en el cementerio municipal, todavía rodeado de viña. En su puerta, la obra del herrero gradense Dámaso Carrera queda para la posteridad en una placa. Hace pocos meses la editorial Xordica de Zaragoza ha publicado un libro con algunos de los relatos que “Damasón” registró para el lingüista francés Sarohïandy, quien anduvo más de veinte años por estos valles documentando nuestra casi extinta variedad dialectal: el aragonés bajorribagorzano.
Dejamos el camposanto atrás y seguimos a la izquierda por la nueva carretera asfaltada que conduce al polígono industrial y la estación de servicio. A nuestra izuqierda una pequeña colina completamente aterrazada, paraje en el que una de las grandes bodegas del Somontano quiso ubicar una de sus bodegas, pero todo se quedó en agua de borrajas.
Llegaremos hasta la antigua fuente, y sus maravillosos huertos. Nunca fue agua de consumo humano, pero sí se usó para abrevar caballerías y como lavadero.
El repecho de vuelta al pueblo es lo más agotador de este paseo que nos lleva a conocer, en menos de 2 horas, el entorno más cercano de nuestro maravilloso pueblo.

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