La Navidad en Secastilla

El año pasado las navidades en Secastilla incluyeron las tradicionales misas y la esperadísima cabalgata de Reyes, para la cual contamos con la ilustre asistencia del Rey Mago Baltasar, que tomó prestada la yegua del alcalde para darse un paseo mientras repartía caramelos, saludos y bendiciones.

 

Tras visitar la iglesia, el Rey Mago distribuyó los regalos para cada casa en el salón de actos del ayuntamiento. Pero no siempre las navidades han sido tan abundantes en Secastilla, así eran estas fechas antaño, según texto de Jose Miguel Pesqué en su libro monográfico sobre Secastilla (Secastilla. Recuerdos y Vivencias, edita Diputación Provincial de Huesca):

 

“Eran muy celebradas  las festividades religiosas del ciclo navideño (Nochevieja, Navidad, los Santos Inocentes, Año Nuevo y Reyes), desprovistas, hasta la década de los setenta, de cualquier tinte consumista: nadie había oído hablar de Santa Claus ni de Papá Noel, y los Reyes Magos sólo traían regalos al Niño Jesús. A lo sumo, la chiquillería hacía acopio de los escasos obsequios que en sus casas les daban en el “cabo de año”, regalos de Nochevieja consistentes en orejones, higos secos, alguna golosina o mandarinas, consideradas en la posguerra un gran lujo. La víspera de los Santos Inocentes era aprovechada por los chavales para gastar alguna que otra broma, por cierto muy inocente, como moldear con barro una tableta, envolverla con un papel de chocolate y llevarla a alguna anciana diciéndole que era el presente de una vecina. El Año Nuevo es doble fiesta por coincidir con el santo de los llamados Manuel, que, como cada cual en su onomástica, deben pagar el correspondiente vermú a su cuadrilla. En estas fechas los mozos más veteranos se burlaban de algún chaval mandándole desde el horno, donde se tostaban las almendras, a cualquier casa a buscar la bolsa con los moldes de hacer turrones, que no era otra cosa que un saco lleno de piedras o de cuñas de hierro utilizadas para partir leña. Y cuando llegaba le hacían volver a coger otra porque se habían confundido de moldes, y así hasta que el infeliz descubría el engaño.”  (op. Cit., pp. 150-151).

 

Las cosas han cambiado, pero estas tradiciones siguen vivas en el recuerdo de nuestros mayores, tesoro patrimonial y humano que desafortunadamente tiene fecha de caducidad. A propósito de esto desde la Agencia de Desarrollo se ha propuesto la puesta en marcha de un taller de recuperación de la memoria, cuya primera actividad se realizará en torno a la matacía y mondongo a celebrarse el próximo mes de enero. Os mantendremos informados de nuestros redescubrimientos, que pasarán a formar parte de nuestro archivo sonoro.

 

¡Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo!

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