La Virgen de Torreciudad

Entre los objetos presentes en la pasada exposición “El legado de Secastilla”, que pudo visitarse entre el 12 y el 26 de agosto, uno de los más comentados fue la imagen original de la talla de la Virgen de Torreciudad, que permitía compararla con la réplica que el Santuario cedió para la ocasión.

Martín Ibarra, historiador del Patronato de Torreciudad, nos remite una pequeña reseña de los trabajos que han permitido que la imagen llegue hasta nuestros días con el paso de los años. Copiamos sus palabras:

Se conservan algunas estampas con la fotografía de la Virgen de Torreciudad, de comienzos del siglo XX. Aparece con manto, que le cubre a Ella al igual que al Niño. Algunos de estos mantos se conservan en la cripta del nuevo santuario de Torreciudad.

Al comienzo de la Guerra civil, la talla de la Virgen fue escondida por un vecino, y se salvó de una quema más que probable.

En la década de 1960, se procedió a pintar la talla con colores vistosos, rojo y azul. Se conservan fotografías de la romería del 3 de mayo de 1964 desde Bolturina a la ermita de Torreciudad donde se aprecia bien. Ahí aparece llevada por los vecinos, sin corona ni manto. Presidió esa romería el obispo de Barbastro, don Jaime Flores.

Cinco años más tarde, en 1969, se realiza una nueva romería a la ermita de Torreciudad, de la que queda una amplia constancia gráfica en nuestro Archivo. La talla de la Virgen está como anteriormente. Ante la afluencia de gente, se celebra la misa en la explanada –diminuta- delante de la ermita.

Poco después, la imagen de la Virgen es restaurada nuevamente, esta vez por profesionales. Dirige la restauración el arquitecto Manuel González-Simancas Lacasa. Constata que esta talla románica se hallaba muy bien conservada, que su madera pertenecía al género Populus, especie nigra. Establece su autoría por una escuela de imagineros de Ribagorza, con piezas semejantes en la zona de Roda de Isábena. Es una imagen tallada en el siglo XI.

En la nueva –y actual- restauración, se han suprimido los colores azul y rojo de los años sesenta, devolviendo el color anterior. Se ha policromado ligeramente el cabello, lo mismo que los labios. Se ha dorado todo, añadiendo a la orla del manto de la Virgen y del Niño, algunas piedras, lo mismo que en el broche. Se les ha colocado a ambos una corona. Por último, se ha añadido a la Virgen una flor. La disposición de su mano indica que inicialmente debía llevar algo en la mano; pero no se aprecia nada en las imágenes que conocemos del siglo XX: se debió de perder.

La talla que se conserva en el Museo Diocesano de Barbastro-Monzón, es copia de la original, que se encuentra en el retablo del altar mayor del santuario de Torreciudad.

Manuel González-Simancas publicó en la década de 1970 varios artículos sobre la imagen de la Virgen y su restauración, que fueron recogidos posteriormente en el libro de Torreciudad, de la editorial Rialp de 1988, del que se hizo una tercera edición en el año 2003 (de la que me encargué). Su artículo se titula “La talla de la Virgen de Torreciudad”, págs. 11-19. Ahí se aprecian bien cómo se encontraban las tallas de la Virgen y del Niño antes de la restauración y con posterioridad.

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